En el Dia de la Tierra, luchar contra el analfabetismo geológico

Publicado en el portal Periodistas en la red

 

El analfabetismo geológico, nos asegura la distopía de un futuro indeseable en el que persisten y se incrementan los problemas ambientales, resultantes del modelo de desarrollo insustentable que la sociedad ha establecido con la naturaleza.

Los llamados “daños colaterales”, derivan de la mala praxis asociada al aprovechamiento de los procesos y/o materiales geológicos utilizados para el desarrollo de la humanidad. Nos referimos a la expoliación de los paisajes, del agua superficial y subterránea, del suelo, de las rocas y los minerales, como así también a cierta negligencia en las políticas de control y protección social de amenazas naturales tales como inundaciones, derrumbes, volcanismo y terremotos.

Las problemáticas ambientales son fundamentalmente de naturaleza política, entonces no se resolverán sólo con la alfabetización geológica, pero tampoco sin ella. En ese sentido y a modo de hipótesis, se considera que los actores políticos, económicos, universitarios y la sociedad en general, carecen de los mínimos saberes para comprender las razones geológicas de la actual distribución de los recursos no renovables y de las amenazas naturales. Dichos actores, con el asesoramiento de profesionales especializados, han participado de las decisiones políticas y económicas que, por acción u omisión, promovieron los problemas que hoy sufre la humanidad. Ello ocurrió bajo el supuesto de aportar a un Desarrollo Sustentable que no fue tal.

La idea de que “las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras”, incluida en el art. 41 de la Constitución Nacional Argentina debe ser revisada. En efecto, ese concepto es tan seductor como impreciso y ello se percibe al preguntarnos: ¿satisfacer las necesidades presentes…, pero de quién/es? y también: ¿cómo saber cuáles serán las necesidades de las futuras generaciones? En este aspecto, preferimos definir al Desarrollo Sustentable (DS) como aquel que asegura en forma simultánea: Crecimiento Económico (CE), Equidad Social (ES) y Equilibrio Ecológico(EE). Así, la ecuación DS= CE + ES + EE permite evaluar los supuestos “proyectos sustentables”, preguntándonos si las futuras generaciones además de CE recibirán un planeta con el debido cuidado de la ES y del EE. Cabe acotar que el adjetivo “sustentable”, sufrió un perverso deslizamiento semántico y habitualmente se emplea para referirse al CE o la rentabilidad de un emprendimiento, lo cual representa una estafa pública. En efecto, la ONU introduce ese adjetivo en 1987 a través del Informe Brundtland, precisamente para señalar que el mero CE no representa el desarrollo de los pueblos.

Desde el año 2020 en adelante, ninguna actividad de la Tierra ha quedado exenta de la influencia del COVID-19, originada en una zoonosis derivada, en parte, de la expoliación de los recursos naturales y la hiperconcentración urbana en las megalópolis. Además, si se considera en forma conjunta la pandemia mundial con el calentamiento global, se puede interpretar que diferentes sectores de la humanidad han promovido, tolerado o se han visto sometidos por modelos de desarrollo insustentables que, de no mediar cambios, evolucionará hacia un planeta distópico.
Esta sentencia, lejos de ser una profecía, se fundamenta en la historia del planeta. Las rocas conservan el registro que nos muestra la ocurrencia de drásticos cambios climáticos que provocaron la desertización de regiones selváticas, desecaron mares, provocaron extinciones masivas de vida y produjeron grandes y persistentes inundaciones marinas como evidencia el subsuelo de la provincia de la región pampeana argentina.

Considerando lo expuesto, no deberíamos sorprendernos que la actual fusión de los hielos provoque el ascenso del nivel de los mares y las consecuentes inundaciones costeras. Se calcula que hacia 2100, habrá que relocalizar unos 1.000 millones de personas en la Tierra. Esta cifra se incrementará con la necesaria desconcentración de las mega-urbes, con la finalidad de evitar el hacinamiento y la vulnerabilidad a los contagios sanitarios, tal como ocurre en estos días.

Dicha hipotética relocalización, involucrará la construcción de ciudades en territorios deshabitados y las obvias demandas de aprovisionamiento de recursos naturales y servicios. Este proceso se realizará bajo los designios del libre mercado, a menos que se promueva un cambio cultural y la sociedad encomiende la planificación y el control al Estado. De este modo, se podrá asegurar una planificación razonable, con control social y dentro de un modelo de desarrollo sustentable.

En el marco de esta hipótesis, el analfabetismo geológico interpela a los enfoques de las practicas docentes ya que, de continuar con las mismas prácticas, será difícil el ejercicio de un control ciudadano que garantice una adecuada ocupación de los nuevos territorios. Así, la alfabetización geológica (AG) podrá contribuir a un utópico mundo sustentable, siempre que su enseñanza esté enmarcada en la Geología como una ciencia histórico-interpretativa. De este modo se podrá comprender el origen del paisaje geológico natal y también promover la responsabilidad social y política para su conservación.

Desde este punto de vista, para que la Geología pueda contribuir con la cultura y el desarrollo sustentable, debe ser incorporada con mayor enjundia en los planes de estudios de todos los niveles educativos. A tal fin, será conveniente considerar las siguientes tres dimensiones: la AG práctica: que permite utilizar los conocimientos geológicos en la vida diaria, con el fin de mejorar las condiciones de vida, de comprender la distribución y ocurrencia de recursos y amenazas naturales de nuestro entorno. la AG ciudadana: para que todas las personas puedan intervenir socialmente en decisiones políticas con diversos criterios, incluyendo los científicos y la AG cultural: que vincula la construcción de los conocimientos científicos, con el significado de la ciencia y la tecnología y la incidencia de la ciencia en la configuración de las sociedades.

Héctor Luis Lacreu
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